Planeta PING!

Cerveza y dudas en mano, una noche surtida de amigos me trajo una lluvia de respuestas a las preguntas que llevaban tiempo martilleando mi bienestar:

¿Cuándo se empezó a ignorar a los diferentes y a los locos, sobre todo a aquellos a los que no se les nota?

¿Por qué se publica tanta paja? ¿es necesaria? ¿Cómo se perdió la brújula que señala el grano?

¿Quién decretó que divertido es antónimo de serio, de profundo y de importante? ¿Estamos tontos?

¿Dónde acaba la ciencia ficción y empieza la distopía? ¿En qué punto se encuentra la frontera entre distopía y fantasía? ¿Por qué esa obsesión con las fronteras? ¿Son necesarias?

¿Desde cuándo los libros de bolsillo no caben en los bolsillos?

¿Tan conservadores se han vuelto los tiempos que se reviste de transgresor y de audaz aquello que no ha viajado jamás más allá de los mapas?

¿Qué le pasa a la humanidad? ¿Estará clasificada como especie inteligente en las enciclopedias extraterrestres?

¿Machismo, clasismo, racismo? ¿De verdad estamos en el siglo XXI o tan solo es apariencia?

¿Por qué somos así de animales?

– Porque todavía estamos más cerca del mono que del Cíborg -dijo una amiga.

Y entonces sucedió. Un destello lila inundó el espacio y el tiempo, y fuimos abducidos.

Desperté en un planeta rojizo poblado por locos, por locos que no parecían serlo. Y esos son los mejores. Por locos que se hacían esas y otras preguntas. Por primera vez en mi vida me sentí en casa. Me instalé allí, junto a ellos.

Disfruté mucho mi tiempo en el planeta rojizo, Ping! se llamaba. Disfrutábamos todos. Construimos una humanidad realmente humana. Humana como lo entendíamos los locos. Era maravilloso, pero algo faltaba. Echábamos de menos demasiadas cosas de nuestro planeta Tierra. Sí, a pesar de los monos.

Y volvimos. Y quisimos preservar nuestro planeta rojizo, atrevido, audaz y verdaderamente humano para seguir viviendo en él, pero dentro del planeta Tierra. Sintetizamos su esencia y la introdujimos en una máquina escondida fuera del tiempo y del espacio, donde se expande todo nuestro mundo. Una máquina a la que tan solo tienen acceso aquellas personas que hayan sido abducidas. Y le pusimos nombre: La máquina que hace PING!

En el planeta PING! nace un libro cada trimestre (a veces dos), los meses de julio, octubre, enero y abril de cada año. Y viene bien acompañado por la revista Próxima del trimestre correspondiente.

– Hagamos un decálogo de La máquina que hace PING! -dijo un loco.

– Tampoco hay que pasarse. Bastaría con un pentálogo -dijo otra loca.

😉

Y escribimos el pentálogo:

1. Cada libro es un individuo único e irrepetible. Ninguno debería ser atado a normas, cosido a patrón o moldeado en serie. Clasificarlos significa perder de vista a los diferentes, a los genuinos, a los locos. Sobre todo a aquellos que no se les nota.

2. Divertido es antónimo de aburrido; no de serio, ni de profundo, ni de importante.

3. El problema cultural de este siglo es la abundancia. Tal es el alud de paja, que se convierte en expedición amazónica la búsqueda de grano. Las pajas dejémoslas para la piel. Los libros, que sean grano.

4. Sobrevivir y perpetuarse queriendo ser el más grande, el más largo o el más ruidoso, es un poco del jurásico.

5. Todo es deliciosamente imperfecto, salvo los hijos, que son otras cosas.

😉

Nos ponen mucho los libros que diluyen las fronteras. Y así son los libros PING! Pero para aclarar a grosso modo un poco las cosas, ¿qué matices diferencian nuestras colecciones?

Colección Ojos de plato: Libros que viajan más allá de los mapas, transgresores e irreverentes. Ponen los pelos de punta, la piel de gallina y te dejan ojiplático y boquiabierta.

Colección Incontinencia Suma: Libros que tienen las mismas características de la colección Ojos de plato, con el añadido de poseer un endorfínico sentido del humor.

Colección Romanes eunt domus: Libros que son maravillas fuera de género.

😉

Pingsonas humanas que habitan en La máquina que hace PING!:

Cristian Arenós Rebolledo, editante, dramanista, nexador de mundos, director de orquestas imposibles y doctorado en hedonismo.

Paz Palau Pellicer. Ajustadora de tornillos. Dramaturga y escritora en su existencia terrena, valga la paradoja. Caminante en su vida paralela.

Laura Vicario Vivar, ilustradiseñadora, embellecedora. fusionadora de técnicas. Buscadora. Todo puede ser plasmado. Sobre todo lo imposible.

Laura Ponce, la mejor exploradora interestelar del siglo. Navega como nadie por los interiores del ser humano a través de viajes a los planetas mas exóticos y radicales de la galaxia. Te pone los pelos como escarpias.

Sergio Gaut vel Hartman, el más grande generador de delirios, locuras, retos intelectuales y diálogos socráticos, siempre de la manera más divertida. Rompedor de estructuras mentales. Te abre la cabeza fundiendo la realidad.

 

 

Toni García, exabruptador mayor del reino. Al ritmo que perdió los pelos de la cabeza, perdió los de la lengua. Pertenece a una especie amenazada por los tiempos censores que nos invaden.

Y por supuesto, muchos abducidos que han decidido ser acompañados por estos habitantes que elucubran, cuentan, transmiten y divierten. Esto es una invitación ¿Quieres entrar a esta máquina que hace PING!?

Welcome.